El origen de nuestras desdichas, según Pascal

18/2/2011
«Todas las desdichas del hombre derivan del hecho de que no es capaz de estar sentado tranquilamente, solo, en una habitación»

El científico francés Blaise Pascal dejó muchas frases célebres para la posteridad, pero en esta ocasión quiero destacar especialmente la que acabas de leer. A menudo nos sentimos desdichados, pensamos que la vida es una mierda y que ninguno de nuestros males tiene remedio. Actuando así nos convertimos sin duda alguna en nuestros mayores enemigos. Lo que no sabemos, o no queremos saber, es que si pretendemos salir de nuestros atolladeros personales, lo primero que tenemos que hacer es detenernos. Ir por la vida como un pollo descabezado, corriendo de un lado para otro sin sentido, sólo nos conduce a un caos todavía mayor. La vida moderna, nos ha convertido a todos en víctimas de un trastorno que los médicos han bautizado como estrés, y que según el Diccionario de la Real Academia significa “tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves”.

¿Cómo podemos ponerle freno a esa tensión? ¿Cómo podemos neutralizar las situaciones cotidianas que tanto nos agobian y que nos impiden pensar con frialdad? Nuestras vidas están organizadas de tal manera que carecemos de tiempo para nosotros mismos. Madrugones, atascos, aglomeraciones y horarios imposibles son el pan nuestro de cada día, y así no hay manera de que uno pueda dedicar un rato diario a estar a solas consigo mismo, sin hacer nada, tranquilo. Nos han inculcado que debemos estar siempre en continuo movimiento, que no hacer nada es perder el tiempo, pero en realidad eso no es cierto. No hay mayor pérdida de tiempo que emplearlo en tareas que no te realizan. Si todos los días dedicáramos veinte minutos, no hacen falta más, a estar a solas tranquilamente, sin música, sin televisión, sin internet, sin nada que nos perturbara los sentidos, tendríamos una claridad mental mucho mayor. Seguramente serían los veinte minutos mejor aprovechados del día.

Sentarse a meditar, al fin y al cabo, consiste en lo que apuntaba Pascal en la frase que encabeza este artículo. Pero no es necesario que nos pongamos muy trascendentales para conseguir despejar nuestra mente. Tampoco hace falta repetir mantras ni quemar incienso ni raparnos la cabeza. Insisto: aunque viene muy bien, no es necesario. Simplemente basta con detenernos unos minutos para apagar el infernal ruido exterior que embota nuestra mente. Haciéndolo, adquirimos una claridad de pensamiento mucho mayor, permitiéndonos observar con la distancia necesaria todo aquello que nos aturde. Si antes de tomar decisiones importantes dedicáramos un tiempo para estar solos tranquilamente, sentados y sin hacer nada, no te puedo garantizar que seríamos más felices, pero sin duda nos ahorraríamos muchos problemas.

Autor: Fernando Solera

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